Partida

Y fue una noche aquella
en que te entregue a un destino
con lágrima de doncella
ya no compartías mi camino.

Me has dejado estos versos
muertos como la poetisa
de orígenes rusos,
heridos con su propia lanza.

Ya no temo al dolor
ni temo a la aventura
de vivir sin amor
y de morir sin cordura.

Eres pues a sus brazos
la oportunidad del anhelo
de compartir los lazos
para perder el suelo.

Ha muerto ya el romero
cuyo aroma aun recuerdo
de aquel estar sincero
de mi ser en duelo.

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