La gata, la luna y el espacio

Ocurrió bajo la sombra refinada de la luna que al fin, ya después de pisaditas innumerables, una gatita logró capturar un ápice de claro de luna. Este claro cobro consciencia, en un inicio no de sí misma ni de la gatita, fue un sentir, el sentirse consciente del no saberse donde se inicia ni donde se termina, como un polvo hecho punto en el mundo de la idea de una recta formada de numeros reales que no comprende cuál es su subsecuente. ¿Qué se podía esperar de un «trozo de luz» sin movimiento hecho consciente si «ni masa tiene»?

Ni la luna ni la gatita podrían elucumbrar que esto pasaría. La gata fue la primera en enterarse, será el instinto animal o será que la Luna recibe con retardo el dato de todo cuanto acontece en la Tierra, o de menos eso es lo que nos orilla a pensar el conocimiento humano actual que obtuso aún se sospecha. Sea como fuere en este relato la gatita es quien primero se entera, ¿Cómo podría un felino no saber cuánto ocurre en sus patitas? Mas qué lío tenía entre garras, no conseguía aterrizar a lenguaje félido su impresión, ella sentía de manera tan intensa como se siente un corazón roto, es algo visto por nadie pero con dolor fuerte y certero.

Así comenzó la historia de una pequeña porción de espacio consciente, a veces llegaba a ser parte de la gatita y en ocasiones hasta acompañaba a la luna. Pronto comprendió de estrellas, gatos, sombras, del sol, del bosque, de las ciudades y de todo ello, lo que más le resultaba real era la luz que le atravesaba, la luz de mirada de gata y la luz de mirada de luna.

La gatita de vez en vez le ignoraba, siempre que deseaba de un rato a solas. Y es así como el espacio conocio a la amiga que porta el espejo del alma: la soledad. Esta le enseño que tan única era y que tan parte del todo a su vez. También aprendió acertijos y paradojas. El universo, al notar que este pedacito consciente de espacio era tan buena entendedora, le contó la historia del nacimiento del infinito y del vacío, historia imposible de contar en lengua humana, se deja al lector investigar (inventarse) por qué.

Si este escrito intentará hacerse pasar por fábula traería moraleja y si intentará hacerse pasar por cuento se le volcaría un monumental sentido humano, pero es que está es historia de gatas, espacio y luna, y ellas no están para satisfacer nuestras directrices literarias y mucho menos traducir su mundo al nuestro; así es como, querido lector, te invito a leer a la luna en una noche sin nubes y contemplar como te llena tus ojos de luz virgen de sol, a encontrar tu sombra y atraparla. Se te invita a hacer de tu mano un puño para atrapar un trozo de espacio y a imaginar que lo que esta ahí dentro es aún la palma de tu mano.

Hasta la gata busca compañera amiga en su sombra; la sombra y la soledad comparten el espejo que te muestran el interior de tu hermoso ser que solo la imaginación te puede apoyar a comprender.

Nota:

Querido lector, soy autor de este cuento y tiene un significado fuerte para mí, lo comparto para su lectura pero pido, de favor, respeto al cuento. Yo entiendo que las cosas al final no nos pertenecen pero pido que me conserven en la ilusión de pensar que al menos este me pertenece por un instante.

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