ARANTO

En la soledad de mis días oscuros,
amo a mi gatita jugando con insectos voladores,
su gracia felina me llena de alegría,
en su juego encuentro un destello de vida.

Amo que cada día me duela el corazón,
pero duele de una forma diferente,
porque en cada latido encuentro el eco
de un amor que se desvaneció en el tiempo.

Mi alma guarda los recuerdos de amores idos,
permanecen como un susurro en mi ser,
aunque el destino haya separado nuestros caminos,
el amor perdura, imborrable en mi piel.

Amo la ausencia, la partida de mi dios,
que dejó un vacío en mis oídos,
me quedé cegado, sin guía en el camino,
y en lágrimas secas he encontrado abrigo.

He aprendido a amar en la infertilidad,
en los campos yermos de la desolación,
allí donde la esperanza parecía apagarse,
descubrí un amor sin expectación.

Amo la incertidumbre de no saber amar más,
porque en la rendición encuentro libertad,
en cada error y en cada caída,
renazco y aprendo a amar de verdad.

En este poema de contradicciones y aprendizajes,
encuentro la belleza de amar sin medida,
descubro que el amor se percibe eterno,
aunque se vaya de mi vida, de mi partida.

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