En ocasiones pasa que un ser humano se desvive tratando de escribir cosas trascendentes cuando son las cosas triviales y llanas las que más es consumida en la vida de muchos de sus compañeros de planeta. Y es que hay un modo de vivir en la que se aprende a disfrutar de lo simple de modo que resulta más que suficiente para sentirse bien.
Si se es suficientemente sensible y se ha trabajado la herramienta de la sana conversación con uno mismo se procede a apreciar que puede salir cierta elocuencia de las propias palabras haciendo uso del peligrosamente llamado sentido común y terminan saliendo del horno escritos como este.
Quizá el abandono significa la desaparición de este, hasta ahora, fallido blog. Quizá solo sea un tiempo aparentemente muerto o quiza sea que simplemente no se ha logrado cuajar la última entrega satisfactoriamente.
No tener en absoluto nada que decir es en uno de los mejores escenarios un síntoma de paz, no hay ideas nuevas porque la mente descansa de la guerra anterior, nuevas guerras vendrán y debe estar preparada.
Dejo pocas lineas más para presentar una reflexión nihilista: