En las noches, me veo al espejo,
y mi rostro se vuelve ajeno,
un ente extraño que me observa,
como al mar le refleja la luna.
Lo que escribo son memorias de otra vida,
para mí cada poema es nuevo, sorprendente,
lo leo por primera vez cada día,
como si el tiempo no parasará por mi mente.
Una máscara sin conexión conmigo,
los ojos reflejando un universo distinto,
en cada línea de mi semblante,
se esconden historias que aún no he vivido.
Cada verso es una exploración sin fin,
donde el espejo es testigo de mi transformación,
un reflejo turbio de lo que fui y seré,
como el mar que refleja la luna en su canción.
No confundan mis poemas con arte,
son susurros del alma en búsqueda constante,
en cada lectura, descubro la esencia oculta,
donde el espejo refleja un como la luna al mar.
Mis poemas son viajes a tiempos olvidados,
mis palabras, memorias desvanecidas,
cada día renacen, frescas y renovadas,
como si cada lectura fuera la primera de mi vida.
En cada verso, encuentro la emoción,
como si explorara un mundo desconocido,
mis propias letras me transportan al infinito,
donde el pasado y el presente se entrelazan en canción.
Así, cada poema es un encuentro mágico,
donde las memorias se despiertan en mi ser,
lo que escribo son pinceladas de otra vida,
y cada día, en su lectura, vuelvo a renacer.
Lo que escribo son memorias de otra vida,
fragmentos de sueños enredados en mi mente,
cada poema es un eco de ese pasado lejano,
donde mi ser se sumerge entre sombras y corrientes.
Con mis versos, construyo mi futuro,
construyo puentes hacia aquel pasado rimante,
me enamoro de la vida y sus misterios,
pero el vacío determinante borra el brillo de mis ojos errantes.
Pero el vacío persiste y me roba el brillo,
mis ojos, reflejos apagados en la tristeza,
busco en mis versos la chispa que me encienda,
y enfrento el vacío con cada palabra impresa.
Mis versos son puros en su imperfección,
cada poema es una lectura inédita,
una experiencia única, efímera,
donde descubro mis pensamientos renacidos.
No busco la belleza en mis palabras,
sino la verdad desnuda, sin artificio,
explorando los abismos de mi existencia,
en cada verso encuentro un respiro.
Mis poemas son caos y oscuridad,
una danza con lo efímero y lo eterno,
en ellos encuentro mi voz perdida,
un reflejo de mi alma en constante cambio.
No confundan mis poemas con arte,
son el eco de mi ser en su travesía,
un testimonio de mi constante transformación,
y en cada lectura, descubro mi propia vida.
Lo que escribo son memorias de otra vida,
fragmentos de un pasado lejano,
cada palabra es un eco distante,
una melodía que se desvanece en el aire.
A pesar de todo, escucho la melodía eterna,
que me susurra al oído en cada inspiración,
en mis sueños preciso de los recuerdos,
y en el día, olvido todo sentido, toda ilusión.
La mente me juega laberintos confusos,
en mis textos, los caminos se desvanecen,
alguna vez supe cómo salir de ellos,
pero las lágrimas de mis ojos…
Ahora me toca convivir con esta persona,
que veo en mi reflejo, que me acompaña a donde voy,
que me habla al oído y me cuida,
cada segundo de mi vida, un lazo inquebrantable, fiel y puro.
En cada verso encuentro consuelo,
una voz que me susurra en la oscuridad,
me envuelve con su amor incondicional,
y me muestra que en mis letras encuentro la verdad.
En cada encuentro conmigo mismo,
descubro la fuerza para seguir adelante,
la persona en el espejo, compañera y guía,
un ser único, parte de mi ser constante.
Ahora lucho mi propia batalla,
soy tan real, siempre me escucho,
en amor incondicional me acobijo,
tan hermosa, tan especial, es tan bella…
En las noches, me veo al espejo,
y mi rostro se vuelve ajeno,
un ente extraño me observa,
él me sigue, él me escribe.