Una reflexión nihilista

Esta es la historia de cierta persona que se pensaba viva y capaz de comprender cosas nuevas así que emprendió un viaje con alguien a quién consideraba un maestro.

Contemos en medida de lo posible la historia juntos, para que esto sea más intimo y dinámico, comencemos narrando como comenzaron, como es debido en la sociedad occidental de la periferia cuando se desea inducir a la reflexión al lector distraído, por los lugares que menos lograban acumular riquezas ya que poco era lo que lograban conseguir; digamos que la casa era de harapos para generar más impacto, y llamaremos a los habitantes gente humilde para que no quedé desapercibido un valor loable, queremos evitar que se piense que eran ladrones o gente de mal. Como es costumbre en la pobreza denotaremos que vivían muchos en esta casa, dejo en tus manos dictaminar cuanto es mucho, así no tendrás que pasar por la penuria de proyectarte con esta familia y suponerte pobre si así lo consideras necesario.

Retiremos datos innecesarios de la historia, capaz que por cuestiones de probabilidad con algunos de ellos nos dé por identificarnos y nos de la sensación de que la historia tiene sentido, significado y profundidad con tal de justificar nuestra percepción de la realidad, es decir que por tratar de no contrariarnos con lo que pensamos es importante terminemos por defender de manera personal la reflexión que en un momento será revelada. No contaremos que, por ejemplo, el discípulo (que bien podría ser entendido que somos nosotros mismos) y el maestro (que alguna figura paterna probablemente figure a la psique) pasaron la noche fría en aquella casa que, a falta de lugares para descansar, se conformaron con apoyar las espaldas, u hombros según la hora de la noche, sobre el piso que, dicho sea de paso y de esta forma mencionado, era duro como la realidad de cada miembro de esta familia, cada uno con la inocencia que le corresponde sobre su propia realidad.

Esperando tener ya cierta atención en el texto procedemos a relatar al fin la trampa clave del mismo, la familia sí tiene una posesión, una vaca. Notemos de favor que hemos dado por sentado que el ser humano esta en capacidad, por que puede hacerlo, de poseer cosas, que existan cosas, animales o incluso personas que le pertenecen y que esto esta tan normalizado que el hecho de que la vaca pertenezca a la familia es simplemente bien aceptado, la familia puede matarla, venderla, e incluso torturarla y no sucede nada pues les pertenece, cosa distinta si no les perteneciera claro esta. Antes de vernos envueltos en perdida de lectores cansados por leer sobre los protectores de animales pido algo de paciencia, era solo un comentario que nada tiene que ver con la vaca sino con la sensación de pertenencia, esa misma pertenencia que les hace pensar que ustedes no forman parte del grupo de gente que defiende a los animales.

Prometeremos no desviarnos más, no es conveniente distraer tanto al lector, además no vaya a ser que por leerse más de 50 renglones de paja consideré que se esta volviendo un lector experimentado cuando este no es de valor ya que más valen 50 renglones de alguna otra novela popular y de fácil digestión; regresando a la historia que podría resumirse en tres renglones por lo menos es que procedemos a contar que aquella vaca producía lo mínimo, apenas lo necesario para alimentar a esta familia, con las obvias deficiencias que tiene alimentarse de leche bronca solamente cuando existen en la modernidad tantas alternativas en cada tienda de abarrotes conocida, harinas en sus mil presentaciones, productos tipo queso y una cantidad importante de posibilidades en bebidas entre las cuales claro que no puede faltar la leche en envase de cartón o vidrio que, paradójicamente, a esta familia apenas le alcanzaría para comprarla aún vendiendo diariamente la leche de su propia vaca. Compra que para nada carecería de sentido pues la leche de cartón viene ya sea deslactosada o ligth, dura muchos días más, es de marca y esto solo mencionando algunos de sus beneficios, ya que todo mundo sabe, aunque quizá esta familia sea la excepción pues sólo poseen esta vaca como bien, si tuvieran televisor sabrían que aquella leche da felicidad a la familia, de lo contrario como se explicaría a aquellas madres de dientes completos y blancos con sus hijos de dientes completos y blancos con sus respectivos hombres de casa con sus respectivos dientes completos y blancos; todos tan unidos, tan occidentales, tomando leche en familia.

El contar como único bien con aquella vaca les hacia evitar la miseria total a aquella familia.

Una vez descansado el cuerpo del maestro y del discípulo vino la enseñanza del maestro: mató a la vaca. Durante los siguientes días el joven era confrontado con la idea de que aquella familia seguramente moriría de hambre.

Un año más tarde, los dos hombres decidieron regresar nuevamente a ver qué suerte había corrido aquella familia. Buscaron la humilde posada nuevamente, pero en su lugar encontraron una casa grande. Vaya simple que es la vida, una sola variable esta obstruyendo entonces el crecimiento de esta familia. Ahora tenían mayores posesiones materiales. El joven se decidió a tocar a la puerta y al hacerlo salió el hombre que un año atrás habitaba en esa vivienda. ¿Cómo es posible? preguntó el joven. Hace un año en nuestro breve paso por aquí, fuimos testigos de la profunda pobreza en que ustedes se encontraban. ¿Qué ocurrió durante este año para que todo esto cambiara?
Ignorante del hecho de que el discípulo y su maestro habían sido los causantes de la muerte de su vaca, el hombre relató cómo, el mismo día de su partida, algún maleante, envidioso de su vaca, había degollado al animal. El hombre continuó relatándole a los dos viajeros cómo su primera reacción ante la muerte de la vaca había sido de desesperación y angustia. Por mucho tiempo, la vaca había sido su única fuente de sustento. El poseer esta vaca le había ganado el respeto de sus menos afortunados vecinos, quienes envidiaban no contar con tan preciado bien. Sin embargo, continuó el hombre, poco después de aquel trágico día, decidimos que a menos que hiciéramos algo, muy probablemente, nuestra propia supervivencia estaría en peligro. Así que decidimos limpiar algo del terreno de la parte de atrás de la casucha, conseguimos algunas semillas y decidimos sembrar vegetales trans y legumbres con los que pudiésemos alimentarnos. Después de algún tiempo comenzamos a vender algunos de los vegetales trans que sobraban y con este dinero compramos más semilla y comenzamos a vender nuestros vegetales trans en el puesto del mercado. Así pudimos tener dinero suficiente para comprar mejores vestimentas y arreglar nuestra casa. De esta manera, poco a poco, este año nos ha traído una vida nueva, ¿gustan pasar? ¿desean un vaso de refresco, jugo de cartón? ¿un tequilita?. El maestro, quien había permanecido en silencio, prestando atención al fascinante relato del hombre, llamó al joven a un lado y, después de aceptar el tequila, en voz baja le preguntó: ¿Tú crees que, si esta familia aún tuviese su vaca, estaría hoy donde ahora se encuentra? Nosotros debemos distribuir la pobreza para que las personas se motiven, para que las personas no se aferre a las cosas, personas o lugares que les brindan seguridad y comodidad o a seguir haciendo las cosas como las han hecho siempre, hay que mostrarles otros caminos, que se desarrollen, que exploten sus habilidades para mejorar. Si el miedo a la búsqueda de nuevas sensaciones y experiencias les lleva a elegir una alternativa como la única posible en la vida, un cambio será el único aliado que les permitirá que descubran la verdadera esencia que hay dentro de ellos mismos y la oportunidad tienen para trascender en el mundo de los acumuladores. En breve, hay que coartar toda soberanía para la superación del humano (rico).

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