De la galera que visite aquel día en que solíamos hacer visitas libres a aquella clínica refrescante que pendía de aquel cielo que conquista el costo de cualquier millonario, nos encontrábamos resumidos en una penuria distribuida equitativamente por aquellos seres que gozan de leer lo in-leíble confiábamos, confusos, pero confiados el final, de que la congruencia de nuestros enunciados nos brindaban de razón tan pura como la percepción de nuestra propia naturaleza.
Es así como decidimos ir a ver aquella película tan esperada después de gran periodo de supuesto encierro para por fin poder seguir alimentando aquellas bocas que no extrañaron comida alguna, almas de espíritus dudosos.
Vaya modo de escribir, de aquel que pasa horas viendo al cielo oscuro pero con ojos resplandecientes de blanco pálido , sin visita adrede alguna, peleando con el sentido del sinsentido, siguiendo a paso lento a aquel que andaba sin buscar pero si andaba para encontrar, aprendiendo entre lineas de código construyendo herramientas que alimentan esta inercia de seguir contribuyendo al sostén de estado, y todo por un plato de comida, un poco de dignidad y de vez en vez un gracias sincero.
Retocaba, pues, sus labios con aquel jabón suave, del que parece dejar capas de aroma en la piel, para oler bien para él y el pudiera o bien, pensar en ella cuando entrase aquel aroma o para que él pensara en el aroma cuando la recordase, y no es que ella sea siempre la misma, es Ella, en cuerpos distintos, proyecciones de su ego encontradas en distintas personas que son a su vez el Eso externo y tan desconocido que en ocasiones pareciera posee conexiones pero tiende a ilusionarnos con figurillas separadas y confundidas.
No comprenderé jamas como es que después de tantos desfase, siempre el recuerdo regresa a nosotros tan limpio pero siempre con significado diferente, el Te amo de antaño se renueva en el recuerdo y significa aún más que cuando fue expulsado de aquella boca o incluso, hasta podría ser que valía más en ese entonces pero no le oímos con el peso del presente y fue hasta después que comprendimos su valor (o des-valor).
La voz de la belleza es quizá habida en nuestra propia garganta pero es como el agua al pez.
Ven pues sin decir palabra alguna y rodearme con un abrazo que me permita comprender la calidez de un te quiero, que conlleve un aroma de jazmín y dé a mi memoria la posibilidad de fantasear con él mismo en cada momento que me haga falta.