Violín en primera persona (intento dos)

En mis manos, el violín cobra vida,
despierto su melodía cautiva.
Con cada movimiento, con cada roce,
la belleza emerge, el sonido se despoce.

Cada milímetro trae una nueva magia,
una danza de notas que embriaga.
Las cuerdas susurran secretos al oído,
me sumerjo en pasión, me he derretido.

En la delicadeza del arco danzante,
se dibujan emociones en cada instante.
El sonido se transforma, se vuelve bravo,
o suave y tierno como un suspiro esquivo.

Mi violín, testigo de un amor inmenso,
resuena en el corazón, trasciende el tiempo.
Acaricio las cuerdas con ternura,
y el universo entero se llena de dulzura.

Las notas bailan en el aire con esplendor,
creando un lenguaje de belleza y color.
Cada matiz, cada vibración única,
es un destello de arte que no se explica.

Por cada milímetro, mi violín transforma,
despliega su voz, con fuerza o con forma.
En éxtasis, me entrego al sonido,
es un sentir que me llena de sentido.

La belleza se despliega en cada acorde,
un regalo divino que al alma conmueve.
Y así, en mi pasión infinita,
con mi violín, pinto un lienzo de vida.

En cada milímetro, el sonido florece,
un regalo divino que el universo engrandece.
Sigo tocando con devoción,
para que el mundo entero viva mi canción.

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