En la oscuridad de mi alma perdida,
lloro en silencio, con media lágrima herida.
Soy un náufrago solitario, naufragando en penas,
mi corazón roto flota en mares de condenas.
La tristeza me abraza, me envuelve en su manto,
mi voz se desvanece, en el viento se hace llanto.
El mundo parece vacío, sin sentido ni razón,
y en este abismo, solo encuentro la desolación.
Pero el nihilismo me ha mostrado su rostro,
una verdad sombría, un mensaje adusto.
Aun muerto, no escapas de la nada eterna,
la existencia se desvanece, como una vela que se quema.
El suicidio, pensamiento oscuro y funesto,
un acto final que no tiene ningún resto.
Pues en la muerte, se halla el mismo vacío,
no hay refugio, ni consuelo, ni un alivio.
En vez de buscar la salida sin salida,
prefiero abrazar la vida, en su herida compartida.
Pues quizás, en la desesperanza más profunda,
encuentre un destello de esperanza fecunda.
Así que seguiré, llorando a media lágrima,
abrazando el dolor, aunque parezca nefasta rima.
Porque en un abrazo a la nada, encuentro fortaleza,
y en la aceptación del sinsentido, una sutil grandeza.
En el suicidio no hay solución, según dicta el nihilismo,
pues incluso en la muerte, persiste el abismo.
Y mientras respire, aunque sea con pesar,
seguiré luchando, en este mundo imperfecto y singular.