La ansiedad es una amiga despiadada, suele visitar cuándo has vivido con excesos. En lo personal, siempre que esta lejos le aprecio. Le llamo amiga pues no quisiera llamar su atención con etiquetas negativas.
Es de aquellas que poco se le extraña cuando transcurren los días sin verle, ella estremece, su visita es tal como ir en la caída libre infinita de la inmortalidad pues para esta amiga sus minutos se perciben a tamaño de horas.
Ama visitar por sorpresa y poco tolera que le hagas esperar, siempre debe ser atendida de inmediato ya que si se aburre invita a algunas amigas, a la pereza y a la angustia.
Es mi amiga con derechos ya que, como si de la dueña de mi corazón adolescente se tratara, me priva de concentración y memoria, al sentirle cerca se conviente en una serie seria de despistes incontables y descuidos, a veces me llena de preocupación excesiva y me baja el autoestima. Mis pensamientos se distorsionan e importunan con fantasias, las dudas me agobian y la sensación de confusión imperan mi ser, tendencia a recordar sobre todo cosas desagradables, sobrevalorar pequeños detalles desfavorables, abuso de la prevención y de la sospecha, interpretaciones inadecuadas, susceptibilidad, etc.
En ocasiones se apodera de mi cuerpo pues cuando miro al espejo no me refleja a mi y al preguntarme de quién son estos pensamientos noto que inclusiva la pregunta misma es ajena a mi mente.
Ansiedad, amiga mía, dame consuelo y dime que esperas de mí, tu siempre tan silenciosa y dolorosa. Llevate lo que veniste a recoger pues vivir contigo es la tortura misma.